>>>>>>>>>>>>> P E O P L E

FRANCESC PARCERISAS
(Para los que piensan que la “Institució de les Lletres Catalanes” es un organismo arcaico, puramente simbólico, que existe porque así debe ser y no porque ejerza un poder real y concreto dentro de la sociedad catalana; para los que creen que la literatura catalana no puede atravesar fronteras; para los escritores (en lengua catalana, claro está) que quieren salir a la luz y no saben cómo hacerlo... a todos ellos van dirigidas las palabras de su director, Francesc Parcerisas, hombre de letras y asociacionista por naturaleza. Él nos ayudará a esclarecer cuál es el poder real y el día a día de esta institución con tanta solera.
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Texto i fotos de Georgina Castillo


-Cuéntenos un poco la visión personal de su propia trayectoria, la de un hombre que ha pasado de ser un poeta intimista y comprometido a ser el responsable de una institución de nombre tan rimbombante. ¿Se siente cómodo con esta responsabilidad?
-Yo creo que son cosas independientes y que dependen del carácter de las personas. Una cosa es que alguien se dedique a escribir, a pintar, o a componer música, y otra es que esté interesada en la vida asociativa. A mí personalmente siempre me ha interesado. Cuando empezaron a salir grupos y asociaciones de escritores o traductores, en los años 70, me metí enseguida. Estos colectivos están un poco desvalidos en el seno de la sociedad. Si no consiguen cierta cohesión es muy difícil llegar a hacer algo. Siempre he participado en la Asociación de Escritores en Lengua Catalana, de una manera o de otra, como representante de los traductores estuve muchos años en la Junta de la Institució de les Lletres Catalanes... Yo siempre he estado metido en esto porque creo que las cosas no vienen nunca del cielo, que alguien tiene que empujarlas.

-¿Cómo valora su trabajo en estos dos años que hace que está en el cargo?
-Estoy bastante satisfecho de las cosas que se han hecho y se hacen. Creo que hemos reorientado un poco la actividad. A veces decimos que en vez de hacer grandes operaciones espectaculares hacemos un poco un trabajo de base. Creo más en que haya buenas escuelas de música o de educación física que en que haya grandes atletas o grandes músicos. Lo que importa no es la gran figura, sino que la competencia media sea buena. En este sentido muchas de las cosas que se hacen desde la Institució, que son limitadas porque tampoco es una gran empresa ni una gran entidad, van destinadas a potenciar la presencia de los escritores en institutos, universidades, ateneos y bibliotecas. Los cartuchos que tenemos, en vez de gastarlos en fuegos de artificio, los utilizamos para hacer un trabajo del día a día. No digo que de vez en cuando no se haga una fiesta, pero la dieta diaria es lo más importante.

-Entre los años 37 i 39 la Institució de les Lletres Catalanes significó la reunión de escritores e intelectuales que defendían la Generalitat durante la guerra civil, y durante la transición significó la lucha por la recuperación de los derechos que habían perdido a causa de la dictadura. ¿Los objetivos actuales han perdido el aspecto político y patriótico de antaño o en cambio son una continuación descafeinada de aquellos?
-Nació para ayudar a los escritores y a la literatura en general, para hacer llegar el libro en un momento en que la industria cultural y la vida civil había desaparecido o estaba muy deteriorada. La Institució quería hacer desde la Generalitat una acción que la industria particular no podía hacer. No consiguió publicar muchos libros, pero los que salieron a la luz, como La fam de Joan Oliver o Aloma de Mercè Rodoreda, después han quedado como obras de gran peso. La importancia fue que la institución supo aglutinar a los escritores al margen de sus ideas políticas (había anarquistas, comunistas, etc). La Institució defendía el estatus del escritor catalán fiel a la República. Los objetivos de reivindicación y de lucha, ahora no son los mismos. La defensa de la creación sí que sigue siendo la misma, así como la defensa de la difusión y de la traducción.

-Uno de los objetivos de la Institució de les Lletres Catalanes es dar prestigio a los escritores catalanes tanto dentro de Cataluña como fuera. ¿Es que lo han perdido?
-Yo creo que la pérdida de prestigio del escritor es real. Los escritores actuales no tienen el prestigio que tenían hace 50 años. Aquélla era una época difícil y de resistencia. Tenían una imagen pública que no se correspondía con la real, ya que su vida era mucho más miserable y triste que la que tiene un escritor de hoy de los más medianitos. Tenían un reconocimiento social de su trabajo, eran los salvadores de las palabras. Hoy la legitimación social es una legitimación económica. Cuando vemos a los presidentes de los gobiernos fotografiándose con los jugadores de fútbol es que algo pasa, algo va mal. Los escritores que destacan socialmente son los que han ganado un gran premio y por tanto reciben la atención de los medios. Esto no quiere decir que desde las instituciones no tengamos que buscar cuáles son los canales que ayuden a una mayor difusión e intentar colocar en estos medios a aquellos escritores que mejor defenderán el prestigio del colectivo.

-¿Qué se hace desde la Institució para prestigiar a los escritores catalanes?
-Se hacen campañas muy diversas. En algún momento se habían intentado, antes de que yo llegara, unas campañas de prestigio público, como por ejemplo el Va de Lletres, que consisitía en publicar un anuncio en la prensa donde dos escritores hablaban el uno del otro. La incidencia de esta campaña fue muy pequeña y proporcionalmente muy cara. Esta es una de las razones por las cuales a mí las grandes operaciones me parecen discutibles, teniendo en cuenta los medios que tenemos. Con el dinero que se utilizó se podrían haber hecho dos campañas mucho menos trascendentes en apariencia pero que a la larga dan muchos frutos, como por ejemplo el hecho de mandar a los escritores a las escuelas. Estaría bien que se pudiera potenciar en niveles más bajos de la primaria, ya que sería un incentivo a la lectura.

-Cómo puede conseguirse que un autor sea reconocido por público y crítica, en un momento en que los medios audiovisuales, en concreto la televisión, ignoran completamente la literatura porque se cree que no ofrece espectáculo y por tanto los escritores la ven como un medio que los desprestigia? ¿Cómo puede llegar a romperse este círculo vicioso?
-Esto es muy difícil de hacer, porque la televisión está sometida al ránquing de audiencia. Desde la Institució se han hecho a los largo de todos estos años que hace que existe, muchas gestiones para presionar a la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió y siempre nos hemos encontrado con una pared y nunca se ha conseguido nada. La cual cosa no quiere decir que la situación no haya cambiado muy ligeramante, porque hay dos o tres programas, como el Miralls (donde se recitan poemas), el Aleph (donde varias personas hablan sobre un escritor), las entrevistas de Joan Barril en BTV, que demuestran que si una cosa está bien hecha la gente lo mira. Pero muy a menudo los autores que salen en televisión lo hacen con independencia de su condición de escritores y de su categoría. Son conocidos por otras cuestiones, porque son muy buenos comunicadores, etc. Pero yo creo que cuando la gente habla de una manera clara, agradable, entendible, sobre literatura, a veces tiene éxito. Históricamente existen las entrevistas que había hecho Montserrat Roig, Josep M» Espinàs, etc. Actualmente las entrevistas en televisión son muy cortas, muy desinformadas, todo es muy superficial, se da más importancia a la anécdota que al contenido.

-Otro de los objetivos es impular la creación literaria en catalán. ¿Cómo se consigue que los autores escojan el catalán para escribir? ¿Qué pasa con los escritores catalanes que prefieren escribir en castellano?
-Los escritores pueden hacer lo que quieran, deben tener una libertad total. Pero evidentemente, el objetivo de la Institució de les Lletres Catalanes, como su nombre indica, es dedicar todos los esfuerzos a impular los proyectos que se hacen en esta lengua. De hecho, la ayuda a la creación es la columna vertebral de la institución. El sentido de ésta es ayudar al escritor individual a poder hacer su trabajo que si no no podría hacer. Lo que pasa es que hay muchísimos escritores y los recursos son limitados. Aquí existen una serie de subvenciones destinadas a proyectos de poesía, narrativa, estudios sobre literatura, propuestas de traducción o guiones para medios audiovisuales. El interés es que las ayudas puedan crecer en número y las que se concedan estén mejor dotadas, porque lo que no podemos hacer es dar 250.000 pesetas a un escritor que quiere escribir una novela, porque no haría nada.

-¿Qué se tiene en cuenta a la hora de aceptar o denegar una subvención?
-Los criterios son muy diversos, pero lo que nosotros buscamos es el equilibrio entre los escritores consagrados y aquellos que buscan una primera oportunidad para darse a conocer. Un escritor conocido tiene que ser ayudado porque es un proyecto que tiene una garantía, es una ayuda que juega sobre seguro. Esto tiene que ser compensado con los proyectos de personass totalmente desconocidas. Sin estimular al que empieza no hacemos el trabajo que tenemos que hacer, pero lo que tampoco me parece lógico es ayudar a una cosa que no tiene ningún tipo de repercusión ni siquiera en su propio campo. La Institució está más interesada en ayudar aquello que ya tiene un público, aunque sea reducido, y que funciona, que no potenciar un invento que después de hacer un seguimiento vemos que no lleva a ninguna parte. Por ejemplo, las organizaciones que reciben nuestro apoyo, como escuelas o bibliotecas, no queremos que lo vean como un regalo. Tienen que comprometerse a llevar público, a que eso tenga una continuidad y no sea un acontecimiento puntual que les sirva para poner en el currículum. Hay propuestas que son muy viables, que ves enseguida la luz al final del túnel, y que por lo tanto deben recibir nuestra ayuda, y hay otros que no...

-Se suplanta esta falta de creación literaria en catalán mediante las traducciones de escritores extranjeros?
-Tanto en la creación como en la edición el catalán tiene que coexistir con el castellano. Esto hace que haya una gran competencia. La creación en lengua catalana, a pesar de las dificultades, es muy potente. Nosotros tenemos censados a unos 3000 escritores, de entre los cuales 50 son conocidos y 5 viven de escribir. Si nosotros mismos no creemos que los autores que tenemos son buenos, no los venderemos. Por ejemplo, ahora se está poniendo en marcha un proyecto en colaboración con el British Council en que una serie de autores ingleses, holandeses y catalanes verán traducidos sus textos por jóvenes traductores y serán colgados en una página en Internet. Si nosotros creyéramos que no hay ningún escritor catalán que pueda ser interesante leer en inglés, podríamos tirar la toalla. Hay gente que se queja de que no nos proyectamos suficiente fuera, de que se tendrían que destinar más recursos, etc. Yo creo que hay que tener una idea del mundo global. Hay mucha gente en el mundo compitiendo. Todos queremos que algún día un escritor catalán gane el Nobel, se haga una película en Hollywood basada en un libro suyo, etc. Pero el objetivo principal no es éste. El genio sale muy de vez en cuando, y lo que tenemos que hacer es intentar comercializar la obra de los escritores buenos que tenemos, que no son pocos. La comercialización, no obstante, siempre es difícil. No es que nos cueste a nosotros vender a nuestros autores, sino que a los griegos les cuesta vender a los escritores griegos, a los turcos les cuesta vender a los suyos...

-¿Qué representa para usted este nuevo medio de comunicación que es Internet como difusor de las letras catalanas?
-Yo creo que es un campo que tiene muchas posibilidades, pero que a mí me parece aún desorganizado. Es una de sus gracias, por eso, es un mercado donde no sabes bien qué vas a encontrar. Para encontrar una joya es preciso que te tragues mucha paja. Desde la Institución lo que querríamos es hacer un buen portal, una buena red, de tal manera que alguien que busque poesía en general nos encuentre a nosotros. No nos interesa alguien que busca literatura catalana, porque esta persona ya sabe lo que busca. Nos interesa que la persona que navega y busca escritores contemporáneos encuentre, juntamente con los suecos y daneses, los catalanes.

-¿Cómo va a afectar esta globalización en el futuro de la lengua catalana?
-Yo pienso que va a beneficiarnos, pero para que así sea hay que estar allí. La información debe estar al alcance de la gente, ha de ser consultable, no puede ser que los proyectos se queden en un cajón. Nosotros lo que tenemos que hacer es darles esta visibilidad, buscar las vías para que esto sea público, buscando cuáles son las páginas literarias, de qué manera pueden enlazarse. La página de la Asociación de Escritores cada día cambia y da información nueva, enlaces nuevos. Hay un proyecto de la Universidad Autònoma de Barcelona llamado Traces que es un proyecto de bibliografía catalana, hay otro de la propia institución, el Qui és qui (Quién es quién), que es un directorio de escritores con la información bibliográfica correspondiente... Pero todo esto está aún por hacer, es una cosa que tendrá que ir tomando cuerpo poco a poco, pero éste es un buen momento para empezar.

-Decía en una entrevista que no puede hacerse poesía de vanguardia en catalán cuando todavía no se ha pasado por las etapas anteriores. ¿Puede hacerese ya poesía de vanguardia?
-Siempre puede hacerse, lo que es difícil es entender qué es. Mi idea es que la poesía de vanguardia actual todavía es deudora de la que se hacía en los años 20, que es muy antigua, y que tenía un rigor que ahora no tiene. Una de las características de nuestro momento es la coexistencia de muchos estilos, por ejemplo en un museo coexiste el vídeo con la escultura o la pintura. Con la escritura pasa lo mismo. Hay escritura tradicional según los cánones del siglo pasado y escritura también tradicional pero dentro de los cánones actuales. Esto quiere decir que el arte de vanguardia puede ser muy adocenado.

-¿Cómo valora esta “cultura del nuevo milenio”, como una excentricidad porque sí o como un compromiso real por experimentar y encontrar nuevas formas de expresión?
-El factor en que se basa este arte experimental es el efecto sorpresa, y esto es muy difícil de encontrar. Es muy dificíl ser siempre sorprendente. Después de los lavabos de Duchamp o del cuadro sin tela ya no puede hacerse nada parecido. Si alguien como por ejemplo el poeta Joan Brossa ha jugado con la distribución y la forma de las letras, es difícil hacer poesía visual con letras después de él, hay que inventar algo nuevo. La gracia es que actualmente la poesía ha encontrado un público, unos canales, ha dejado el libro para convertirse en una poesía de café que es un poco su origen, tanto mediante performances como con la lectura en vivo. Esto es nuevo y es muy efectivo. Por ejemplo, hay que citar el Festival Internacional de Poesía, al cual no destinamos ninguna ayuda porque ya funciona muy bien.

-Usted es poeta y traductor. A pesar de que los poetas simpre han vivido al margen de las modas y pocos son los que reciben reconocimineto inmediato por parte de público, creo que tienen más prestigio que los traductores, que todavía son vistos como gente que hace un trabajo rutinario y poco creativo. ¿Qué piensa sobre esto?
-El traductor es una figura un poco escondida, como puede serlo un director de orquestra o un escenógrafo. En las artes escénicas a veces sucede que la gente va a ver una orquestra determinada independientemente de lo que se toque. Esto normalmente no pasa en la traducción. Al contrario que el actor o el intérprete, el traductor no és visible, el público ve sólo una lengua, aunque ésta haya cambiado. Desde la Institució se organizan seminarios de traducción que funcionan muy bien. Lo que hacemos es traer dos poetas y diez traductores que se encierran durante cuatro días y trabajan sobre el texto. Este contacto de creación es extraordinario. Que esto tenga una difusión está muy bien, pero la semilla real es este contacto porque la gente de aquí serán receptores de este imput que viene de fuera y los autores de fuera estarán siempre en contacto con nuestra literatura, y esto es algo que perdura, porque los bretones lo explicarán en Bretaña, los griegos lo explicarán en Grecia, etc.

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